Mi segundo parto

¡Buenos días gente! ¡Hoy os traigo la entrada del relato del parto de León! A otros muchos de vosotros no le interesará esta entrada, pero a mi personalmente, me parece bonito compartirlo de esta manera. Creo que puede ayudar a otra mamis a “empoderarse” y ver que un parto inducido (sí, al final me tocó inducción “again”…) puede ser un parto precioso y sobre todo RESPETADO. Así que aprovechando que mañana día 27, hace ya dos meses del nacimiento del peque, ¡vamos a ello!

ULTIMOS DÍAS DE EMBARAZO

A lo largo del embarazo tuve algún que otro sustillo con contracciones antes de tiempo (dicen que los segundos dan más la lata con este tema…). Sinceramente no me extraña: el segundo embarazo en comparación con el primero fue un no parar. Así que desde la semana 37 tuvimos refuerzos de la super-Abu en casa por si teníamos que marchar pitando para el hospital, tener con quien dejar a la hermana mayor. Desde aquí vuelvo a darle las GRACIAS (que se lee todo lo que colgamos…) por toda la paciencia de esas últimas semanas con todos los nervios a flor de piel. ¡GRACIAS ABU! ¡TE QUEREMOS!

Las últimas semanas fueron muy caóticas: la semana 37 estuve en urgencias por un dolor abdominal tremendo que me tenía doblada. Al parecer fue una mezcla de dolor de gases (apasionante el mundo del embarazo oye…) y de una redonditis (inflamación de los ligamentos redondos que sujetan al útero). La semana 38 Sora se contagió con el virus boca-mano-pie e inevitablemente yo también lo pillé. A mí no me llegaron a salir los granitos típicos, pero de una especie de gripe mega-chunga no me libró nadie. Tendríais que verme sin poder respirar por la nariz, con la garganta inflamada, encima de la pelota de pilates. Todo esto con un tamaño de barriga que en la vida hubiese imaginado que alcanzaría. ¡Hecha un cromo, vaya! La verdad es que en ese momento temí el ponerme de parto, aunque realmente estuviera deseando tener a León en brazos

MI SEGUNDO PARTO

Al final, el día del parto estaba ligeramente mejor de mis achaques pero con una moquera bastante considerable. De hecho lo noté a la hora de controlar la respiración en las contracciones. Había leído que si estabas enferma las hormonas durante el parto te hacen venirte arriba pero yo que queréis que os diga: ¡el efecto de “Vicks-vaporub” yo no lo vi por ninguna parte!

Con respecto al parto, fue muy muy similar al de Sora: rotura de bolsa sin apenas contracciones. A las 10:00 de  la noche del lunes 26 de febrero rompí aguas. Esperamos el par de horas de rigor en casa a ver si la cosa se animaba, pero apenas ligeros dolorcillos. Así que decidimos irnos para el hospital e ingresamos a la 1:00. Me confirmaron lo que me temía: me tocaba inducción al ser streptococco positivo.

Al igual que en el primero, que podéis leer aquí, no hizo falta llegar a la oxitocina sintética en la inducción. Ese era mi gran miedo, debo decirlo. Empezamos con prostaglandinas vía vaginal. Y a las 8 horas de la primera dosis ya tenía a mi peque en brazos. Lo cierto es que al principio la cosa fue  muy poco a poco:  contracciones leves pero bastante regulares desde las 2:30 a las 7:30 de la mañana. De hecho a esta última ahora, aun wasapeé a mi madre para avisarla de que la cosa parecía ir lenta. Y es que de Sora las contracciones eran mucho mas intensas y frecuentes desde el minuto uno. Así que deduje que al ser estas más espaciadas y menos dolorosas serían menos efectivas, ¡pero me equivocaba! A las 6 de la mañana con cuello borrado y 2 cm de dilatación me pusieron segunda dosis de prostaglandinas. Hasta un par de horas después de esta última dosis de prostaglandinas yo estaba genial. Estábamos de risas entre contracciones porque esta vez sí me estaban dando descansos de 3-4-5 minutos. Así que ¡una maravilla en comparación con el primer parto! Las enfermeras me decían que intentase dormir por si iba para largo, pero yo de un lado para otro, con mis posturitas yoguiles (si la primera vez me funcionaron esta vez no iban a ser menos…). Así que salvando un susto que tuvimos al principio de la inducción -se me puso la tensión por los suelos y no se me daba subido-, las primera horas fueron geniales.

Así que solo se me ocurre a mi comentarlo con Marcos : “¡Ay! Qué maravilla estos descansos…lo estoy llevando divinamente!”

Sabéis eso de que no se puede escupir para arriba ¿verdad? ¡PUES ZASCA! Veinte minutos después de decir esto, las contracciones aumentaron en frecuencia y en intensidad hasta el punto de que no podía dejar de moverme. Tenía a la matrona, enfermera y Marcos detrás de mi todo el rato intentando colocarme los monitores y yo planteándome el si aguantaría sin analgesia de ningún tipo. El dolor era muy diferente a como lo recordaba del primer parto: me presionaba en el sacro y me bajaba por las piernas de manera que casi me caía en cada contracción. Marcos me tenía que sujetar para no irme al suelo. Y diréis vosotros: ¡pues haber estado sentada o tumbada! ¡Imposible!

El dolor era muy intenso y no aguantaba ya ni en la pelota de pilates que hasta ese momento había sido mi salvación. Al comentárselo a la matrona comprobó que era porque León venía girado en lugar de como suelen hacerlo. Es decir: venía de cabeza, sí, pero girado, mirando hacia adelante ¡Con su cogote hacia mi hueso palomo para que me entendáis!  Y en cada contracción presionaba más mi sacro y aquello era muy muy muy desagradable…Me recomendaron ponerme  a cuatro patas y moverme (“¿más?”) para ayudarle a girar.

Al final, en una de estas contracciones, metida bajo la ducha a punto de darme un bajón de tensión por la tª del agua hirviendo que me caía sobre los riñones noté que León ya estaba aquí….¡o casi!

Y yo gritándole a la matrona:

-¡Ayyyyyyy!!!! ¡Qué ya vieneeeeee! ¡Voy a empujar!

Y la matrona que me acababa de mirar no hacía ni 20 minutos, y estaba de 5 cm dilatada, mirándome con cara de “¡Venga niña!¡No lo flipes!”. Pero con su paciencia infinita se acercó a donde yo estaba:

-A veeeeer: que te miro otra veeeeez – pausa para tocamiento- ¡Pues sí! ¡Completa! ¡A empujar cuando quieras!

Y yo muy digna (mentira cochina, iba caminando en el aire, prácticamente cogida por Marcos, ya que casi no podía ni caminar después de sentir durante una hora seguido el dolor más intenso de mi vida) me voy hasta una colchoneta que me habían preparado para mis posturitas a cuatro. Me coloco a cuatro patas y me doy cuenta que estoy hecha polvo. Creo no tener fuerzas para empujar.  Lagrimita que me sale explicándoles que estoy sin fuerzas. Entonces Marcos me dice “ Venga, ahora viene lo bueno! Lo dijiste de  Sora, que esta es la mejor parte…”. Pienso que tiene razón, que el expulsivo fueron 5 minutos de la anterior vez… pero no puedo con el alma y le contesto haciendo un puchero dramático.

Varias contracciones y sigo sin ser capaz de empujar. La quemazón sigue ahí y por la sensación me doy cuenta de que León debe ser más grande que Sora (no pongo cabezón, que quedaría muy feo…). Intento inspirar profundo, pero mi nariz de resfriada me impide otra vez hacer las respiraciones abdominales completas que te recomiendan  en las clases preparto. Escucho cuchichear a la matrona y enfermeras, que intentan colocarme por milésima vez el monitor y pienso si es que pasa algo malo. No escucho el corazón de León en el monitor.

La matrona me pide que me levante y me sugiere sentarme en la silla de partos para controlar mejor la situación y ver si así me encuentro más animada para empezar a empujar. Pienso en el dolor que supondría levantarme y cambiar de posición. Miro a Marcos (blanco como la pared) y me digo “¡Una mierda me voy a mover yo ahora!”.

Así que en el siguiente par de contracciones empujo y siento que León se va abriendo camino: un par de empujoncitos más y ¡León en mis brazos!

Y por segunda vez siento ese amor tan inmenso, que va unido a ese olor a oxido de sangre y “a vida” tan inexplicable que tienen los recién nacidos….Y me vuelvo a enamorar hasta el tuétano.

¡BIENVENIDO LEON!

Author: Nani

La hermana mayor :). Madre primeriza y seguidora de alimentación consciente

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¡Hoy os traigo la entrada del relato del parto de León! A otros muchos de vosotros no le interesará esta entrada, pero a mi personalmente, me parece bonito compartirlo de esta manera. Creo que puede ayudar a otra mamis a “empoderarse” y ver que un parto inducido (sí, al final me tocó inducción “again”…) puede ser un parto precioso y sobre todo RESPETADO. Así que aprovechando que mañana día 27, hace ya dos meses del nacimiento del peque, ¡vamos a ello!
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