RETOMANDO

Buenos días (o buenas noches podría decir…). Aquí  estoy 5:00am y con los ojos como platos…Cosas del embarazo, ¡ya sabéis! Así que, como mi cabeza estaba con el “run-run”, he decidido aprovechar este momento para  retomar el blog y escribir esta entrada que os debo desde hace unos meses.

En primer lugar, disculparme por mi ausencia. Como sabréis, si nos seguís por la redes sociales, hace unos meses nos enteramos de nuestro segundo embarazo y la verdad es que no todo está siendo tan chachi-guay como el primero. Nauseas, mareos, bajadas de tensión, unidos a la peque ya de 18 meses pues se nota…¡Pero contentísimos eso sí!

Aun así debo deciros que no toda mi ausencia se debe al embarazo. He estado pensando si escribir una entrada sobre esto en el blog y realmente creo que puede ser útil para otras personas que estén pasando por lo que yo pasé. A lo mejor puedo transmitirle un puntito de luz a alguien que esté perdido como lo estuve yo a principios de año…Y como este blog, entre sus temas recurrentes tiene el de maternidad  y bienestar pues  ¡vamos allá!

CAMBIOS CON LA MATERNIDAD

Como ya os escribí en un post anterior que podéis ver aquí , mi experiencia con la maternidad en resumen ha sido muy muy positiva.  Aunque a principios de este año he tenido momentos muy duros, ahora sé que todo pasa por algo, y he comprendido lo que todos esos sentimientos y sensaciones desagradables intentaban decirme…

No sabría decir en qué momento exacto comencé a estar “peor”, quizás fuese diciembre de 2016 o enero de 2017, pero el momento en el que dije no “no puedo seguir así” fue febrero de 2017. Llevaba semanas en las que lo único que hacía era llorar y enfadarme por cualquier cosa en casa. Acababa de trabajar y Sora y las cosas de casa se me hacían un mundo y me enfadaba por no estar bien como debería de estarlo. Desde que me reincorporé tras la baja de maternidad, mi marido y yo hemos estado haciendo tetris para trabajar y cuidar a Sora sin tener que recurrir a escuelas infantiles o personal externo. Mi trabajo me permitía trabajar muchas horas desde casa, pero llegó un momento en el que sentí que no estaba ni a una cosa ni a otra.  Siempre he sido una persona muy responsable con mis estudios y con mi trabajo y  el hecho de no estar 100% en ellos me sobrepasó.

Mi prioridad desde el minuto cero de ser mamá fué Sora, eso lo tuve claro. Pero en mi interior (ahora con el paso del tiempo veo clarísimo lo que me pasó) se desencadenó un conflicto por el cambio de prioridades que acabó conmigo. Para mí lo primero siempre habían sido mis responsabilidades académicas y profesionales…por encima de lo personal ¿Qué me pasaba ahora que todo giraba en torno a una personita que dependía de mi en todo momento? ¿Estaba desatendiendo mi trabajo? O peor aún ¿desatendía a Sora por mi trabajo? ¿Por qué me sentía así de mal? Tenía trabajo, tengo una familia preciosa ¿Qué es lo que fallaba? ¿Por qué me sentía infeliz?

PRIMERAS LECCIONES DE LA MATERNIDAD

Cuando estaba mi marido en casa, me encerraba en un despacho que me hice (para intentar mejorar la situación) a trabajar. La medida del despacho parcheó un poco la situación (intenté establecerme tiempos de trabajo exclusivo encerrándome en él), pero había días que las horas de encierro eran muchas….Y los días que el papi trabajada y yo tenía que “salir del despacho” y compaginar CASA-TRABAJO volvía a loquear. Así que visto que mi estado no mejoraba, incluso iba a peor, el waka-marido como siempre hace, propuso soluciones prácticas. Lo primero que me dijo es:

“¿Qué quieres hacer para estar mejor?” NI IDEA. No tenía ni idea de lo que tenía o quería hacer para estar mejor. Quizás sí lo sabía pero mi lucha interior me decía que “no podía tirar la toalla”. Mi cabeza me decía que aquella idea que rondaba mi cabeza (mandar el trabajo a tomar por saco, hablando claramente)  en los momentos de estrés máximo, en mis ataques de ansiedad , era solo eso…locura transitoria. Él lo veía claro “¿Por qué no dejas el trabajo?”. “NO PUEDO…¿Cómo voy a dejar de trabajar? ¿Tantos años estudiando para esto? ¿Tantos años intentando levantar una empresa para esto? ¿Qué van a pensar de mi? ¿Qué va a decir mi familia? ¿Cómo vamos a vivir toda la familia con un solo suelo? ¿Estás loco?”. Pues así estuvimos 6 meses….En esos meses busqué ayuda profesional (aprovecho para hacer un llamamiento y decir que TODOS DEBERÍAMOS IR AL PSICOLOGO ALGUNA VEZ A LO LARGO DE NUESTRA VIDA) para intentar hacer más llevadera la situación y lo conseguí. Logré compaginar la maternidad con mi trabajo como autónoma sin ataques de estrés  ni ansiedad, pero en mi interior seguía notando que algo no iba bien. La psicóloga a la que acudía me dio pautas muy interesantes que a día de hoy sigo poniendo en práctica. En nuestra sociedad parece que está mal visto el recurrir a estos especialistas que te ayudan “a pensar y razonar bien”. Como he indicado más arriba todos deberíamos ir en algún momento…En mi caso, gracias a acudir regularmente a las visitas con ella durante varios meses me he dado cuenta que tengo varias ideas o pensamientos  “irracionales” gravados a fuego con los que tengo que lidiar constantemente…Así que me vino muy muy bien J Independientemente de que la solución final a mi problema no la descubriera hasta pasado un mes de dejar la terapia.

Pues como os decía, la terapia fue genial o eso creía yo. “¡Ya estoy bien!”-me repetía.  Pero no era así.

MI DESPERTAR

Una muy buena amiga me regaló, para ayudar a desestresarme, una sesión de reiki.  Nunca lo había probado y la verdad es que tenía muchas ganas así que para allá me fui corriendo. En la primera sesión, la maestra (que también era psicóloga) me explicó en qué consistía el reiki. Yo me había leído algunas cosillas pero vamos, ella me lo explicó mucho mejor. Me dijo que lo ideal sería hacer 4 sesiones  en  un corto periodo de tiempo (espaciadas una semana) y después, si mi estado no mejoraba, pues repetir alguna más espaciada. También me explicó que era una terapia alternativa y que si estaba tomando algún tratamiento médico no lo dejara, que si mejoraba ya el medico que me tratase se iba a encargar de retirar o reducir el tratamiento. Esto la verdad es que me dio mucha confianza por que la señora me pareció una persona muy razonable. Si os interesa el tema no dudéis en escribirme por privado y os cuento un poquillo más u os derivo a la maestra que me hizo las sesiones que os explicará todo mejor que yo.

Mi idea en resumen,  era que iba a ir allí y me iba a relajar en una especie de sesión de meditación-relajación.  En mi caso nada más lejos de la realidad….La primera sesión me dejó la cabeza como un bombo. Fue como si me hubiesen agitado todas mis emociones y pensamientos. Salí de allí con un dolor de cabeza horrible y una sensación de resaca brutal. Recuerdo tener ganas de llorar camino a casa (y llevaba ya dos meses muy muy bien anímicamente) y pasarme dos días bebiendo agua sin parar, con dolores horribles de cabeza. La verdad, es que llegué a preocuparme pero buscando información leí que podía tratarse de una “crisis de sanación” así que esperé a ir a la semana siguiente a mi sesión y comentarlo con la maestra de reiki.  Cuando lo comenté con ella me dijo que efectivamente así era, así que seguimos con la segunda y tercera sesión. Entre estas dos,  recuerdo que me volví a poner mal en cuanto a estado de nerviosismo se refiere. Volví a tener varios ataques de ansiedad en casa y lo comenté con ella antes de la última sesión.  Recuerdo que en esta última sesión sin profundizar en “mis problemas” (ella nunca supo realmente qué me había llevado hasta allí), solo me dijo:  “Tienes muchas cosas en la cabeza….intenta ver en qué momento exacto comenzaste a sentirte mal contigo misma para saber dónde está la causa de tu problema e identificar qué sentimiento exacto te generó”.

Salí de allí con dos palabras en la mente: TRABAJO-CULPA. Toda la situación de ataques de estrés, ansiedad… se había generado al poco de empezar a trabajar y había ido en aumento hasta hacer la situación insostenible. CULPA: Esa palabra que tanto nos reconcome a las nuevas y no tan nuevas madres ¿verdad? El sentimiento que me había generado el reincorporarme al mundo laboral era el de culpa, por privar a una bebé de 4 meses de la compañía materna durante horas…Culpa por tener que sacarme la leche con el sacaleches para dejarle listos los biberones muchos días. Culpa por sentirme enfada por no dormir apenas por tener que darle el pecho cada 2 horas por la noche y tener que levantarme a las 7 para trabajar. Culpa por querer a veces que se destetase antes de tiempo para yo poder descansar y atender mi trabajo. Culpa por que me pesaran las tareas domésticas  tras 8-10horas de jornada laboral. Culpa por tener que encerrarme a hablar por teléfono en una habitación para que no se escuchase el llanto de un bebé de apenas meses si un cliente me llamaba por teléfono. Culpa por querer sacar tiempo para mí como mujer, hacer deporte e intentar verme un poco mejor físicamente cuando el binomio trabajo-casa no me dejaba ni minutos…

Supongo que no seré a la primera que le pasa esto tal y como está montado nuestro sistema laboral. Debo decir que cuento con un marido que ha ejercido sus tareas de padre-amo de casa de manera espectacular. El problema no está en que todo el peso de la casa-bebé haya caído sobre mi. Él no ha tenido el conflicto interno que he tenido yo. Sinceramente, creo que es porque por mucho que se repartan las tareas, hay ciertas cosas que, pese a quien le pese, solo puede hacer una madre. No es ser machista ni ser feminista, pero somos diferentes y hay ciertos puntos en la maternidad que no los hay en la paternidad. Él también lo ve así… La sociedad además nos bombardea con la idea de que somos superwomans que podemos hacer de todo: ser madres, tener una vida profesional como el que más, hacer deporte, sacar tiempo para tener vida social, seguir saliendo de marcha….Habrá muchas que me lapiden por lo que voy a decir pero creo que esto no es compatible con una crianza  sin recurrir a escuelas infantiles o personal externo que ejerza el trabajo de cuidador. Es algo que nunca me he planteado hacer aunque me parece perfecto. Hay mamás en las que su bienestar depende de tener su vida profesional  o sus momentos de ocio solas y no dudan en recurrir a ello, y como he dicho en otras entradas: MAMÁ FELIZ= BEBÉ FELIZ. Mi bienestar, aunque me ha llevado tiempo entenderlo, depende de estar con mi niña. Me lo pide el cuerpo. No quiero más sentimientos de culpa…

LA SOLUCIÓN

Así que a finales de junio, tras muchos números y cuentas, tomamos la decisión de que yo dejaría de trabajar para dedicarme 100% a la maternidad. Si yo estaba emocionada no sabéis como estaba el waka-marido. Me dijo que sabía desde un principio que era lo que yo realmente quería pero que me tenía que dar cuenta por mi misma. Lo más divertido es que justo 4 días después de haberlo decido me enteré de que estaba embarazada de nuevo y como os he dicho nada más empezar : ¡TODO PASA POR ALGO! El enterarme fue el empujón que necesitaba para comunicar a mi familia la decisión y comenzar los tramites (que no son pocos ni fáciles) para dejar mi trabajo.

(En este punto de la historia quiero hacer un inciso para deciros que la maestra de reiki en la tercera y cuarta sesión me  preguntó “ ¿Qué tal tu niño?”.  En las dos ocasiones le contesté que era una niña y ella me respondió de las dos veces que notaba la presencia de UN NIÑO. Más tarde descubrí  que me quedé embarazada entre la segunda y tercera sesión así que flipad un rato en colores…).

Esta semana si todo va bien firmaré mi baja como autónoma y empezaré mi “nueva vida”, así que como podréis imaginar estoy ilusionada y amedrentada a partes iguales. Durante estos tres últimos meses me he sentido juzgada en muchos casos…¿Pero sabéis qué? La felicidad se escoge. Nadie está en tus zapatos para saber lo que llevas recorrido y todo lo que te ha llevado a tomar una decisión. Así que quiero acabar haciendo un llamamiento, a escucharnos más a nosotros a mismos. Muchas veces el cuerpo y la mente nos mandan señales, nos intentan hablar y decirnos cosas (me lo decía así tal cual una muy buena amiga hace un par de días). Y nosotros, en nuestro ritmo de vida acelerado e impuesto por la sociedad  los “callamos”. El resultado de todo esto, estoy segura de que son enfermedades físicas, mentales y emocionales. Así que a escucharnos un poco más con la cabeza y sobre todo con el corazón ¡A SER FELICES!

Author: Nani

La hermana mayor :). Madre primeriza y seguidora de alimentación consciente

4 comentarios

  1. Sandra dice: Responder

    Ánimo….sabes que siempre tienes nuestro apoyo 😘😘😘

    1. Nani dice: Responder

      Os quiero!

  2. María Chof dice: Responder

    Me ha gustado mucho tu relato. Muchas gracias.
    Yo algún día también explotaré

    1. Nani dice: Responder

      ¡Hola María! ¡Gracias! ¡Me alegro mucho que te haya gustado! Sinceramente espero que no haga falta que “explotes” como bien dices, que un poquito antes te des cuenta de lo que te pide tu corazón…aunque a veces hasta que explotamos si que es cierto ¡que no lo vemos! ¡¡¡Muchos ánimos y mucha fuerza!!!!

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